Hay libros que se leen rápido y otros que, incluso después de terminarlos, siguen acompañando. En esta categoría entran esas historias que dejan marca: personajes que parecen reales, frases que se subrayan y escenas que vuelven sin avisar.
Tan poca vida – Hanya Yanagihara
Cuatro amigos llegan a Nueva York tras la universidad con la ambición de abrirse camino apoyados en su amistad. Mientras persiguen sus sueños en el arte, la actuación y la arquitectura, el grupo se articula en torno a Jude, un joven brillante y reservado marcado por un pasado traumático. A lo largo de los años, sus vínculos se profundizan entre el éxito, la adicción y el dolor, poniendo a prueba los límites de la amistad y la lealtad.
Mi año de descanso y relajación – Ottessa Moshfegh
En Mi año de descanso y relajación, Ottessa Moshfegh narra la decisión de una joven neoyorquina de aislarse del mundo y dormir durante un año entero, guiada por una psiquiatra poco convencional y una mezcla de fármacos. En este retiro extremo, la novela explora el vacío, la alienación y el deseo de desaparecer como forma de reinicio personal.
El ferrocarril subterráneo – Colson Whitehead
La novela ofrece una visión renovada de la esclavitud que mezcla leyenda y realidad para contar una historia universal de huida y destino. Cora, una joven esclava en una plantación de Georgia, decide escapar junto a César tras conocer la existencia del ferrocarril subterráneo, emprendiendo un peligroso viaje hacia el Norte en busca de la libertad.
El invencible verano de Liliana – Cristina Rivera Garza
El invencible verano de Liliana reconstruye la vida de Liliana Rivera Garza, asesinada en 1990 por su pareja, a través de la voz de su hermana. El libro rescata su memoria y denuncia la violencia machista, explorando cómo la falta de lenguaje para nombrarla impidió reconocerla a tiempo. Una obra íntima y política que busca justicia, celebra una vida arrebatada y alza una denuncia contra el patriarcado.
