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Padres e hijos: cuatro libros para entender ese vínculo raro

Hay un terreno donde la literatura se vuelve incómodamente cierta, y es el de los padres con sus hijos. La relación que más nos forma — y la que solemos tener menos palabras para describir — encuentra en los libros un espejo que duele un poquito y aclara mucho. Un padre que se está muriendo, un hijo que recuerda a su viejo, un escritor que finalmente le escribe la carta que nunca pudo decirle.

A los hombres a veces nos cuesta hablar de esto. Nuestros padres fueron hombres también, formados en silencios distintos, y a la hora de transmitir lo importante muchas veces lo hicimos mal o no lo hicimos. Estos cuatro libros son distintos entre sí — uno es una novela post-apocalíptica, otro es una memoria, otro una carta nunca enviada, otro un retrato latinoamericano — pero todos giran alrededor del mismo eje: qué le debemos a quien nos crió y qué les debemos a quienes criamos.

Ningún libro de esta lista es liviano. Los cuatro tienen momentos para parar, levantarse y caminar un rato. Pero después se vuelve, y se sigue leyendo, porque cada uno de estos autores encontró una manera distinta de poner en palabras lo que casi nunca se dice.

Patrimonio — Philip Roth

Roth empieza este libro con una llamada del médico: a su padre le encontraron un tumor cerebral. A partir de ahí, sigue minuciosamente la enfermedad y la muerte de Herman Roth, su viejo, un agente de seguros de Nueva Jersey con un genio difícil y una vida hecha a pulso.

Lo notable es que Roth no glorifica al padre ni lo perdona ni lo pinta como héroe. Lo cuenta como fue: terco, contradictorio, irritante, querible. La prosa es de una precisión obsesiva, sin sentimentalismo, y deja al lector ese poso raro de haber estado muy cerca de algo demasiado real. Para los que estamos en esa edad donde los padres empiezan a envejecer, Patrimonio es un acompañamiento honesto.

La carretera — Cormac McCarthy

Un padre y su hijo atraviesan un mundo arrasado. No sabemos qué pasó — algo destruyó casi todo — y lo único que queda es caminar hacia el sur, escapando del invierno y de los pocos humanos que sobrevivieron y se volvieron peligrosos. McCarthy escribe con frases cortas, casi sin puntuación, como si el lenguaje también se hubiera incendiado.

Es una novela durisíma y al mismo tiempo de una ternura brutal. El padre cuida al hijo con una entrega que la mayoría no nos animaríamos a verbalizar; el hijo, todavía chico, le devuelve preguntas que cortan. Cada conversación entre ellos vale la novela entera. Para hombres con hijos, La carretera funciona como espejo: te obliga a preguntarte qué harías por el tuyo si todo lo demás se cayera.

Carta al padre — Franz Kafka

Kafka escribió esta carta de cien páginas para entregársela a su padre. Nunca la entregó. La encontró su madre, y nunca llegó a destino. Hoy es uno de los textos más leídos sobre la sombra que un padre dominante puede arrojar sobre la vida de un hijo.

Kafka enumera con una claridad casi clínica las heridas: las humillaciones en la mesa, el desprecio por sus intereses, la incapacidad de aprobar nada de lo que hacía. Pero también — y eso es lo que la convierte en literatura y no solo en denuncia — entiende a su padre, lo ubica en su propia historia, le reconoce la fuerza. Es corta, contundente, y a casi cualquier hombre que la lee le revuelve algo.

El olvido que seremos — Héctor Abad Faciolince

Héctor Abad cuenta la vida de su padre, Héctor Abad Gómez, médico y militante de derechos humanos en Medellín, asesinado en 1987. El libro alterna recuerdos de infancia — un padre afectuoso en una época y una sociedad en la que los hombres no eran afectuosos — con la reconstrucción del clima político que terminó costándole la vida.

La prosa es luminosa y sin pose. Abad no está demostrándole nada a nadie: está agradeciendo. Y esa diferencia se siente. Es uno de los pocos libros que muestran a un padre amoroso sin caer en el sentimentalismo, y por eso se volvió un clásico latinoamericano. Recientemente Fernando Trueba lo llevó al cine con Javier Cámara — la novela es muchísimo mejor.

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