La literatura argentina tiene una tradición rara y muy productiva: contar la violencia, la política, la calle, sin despegar de lo literario. Otros países hicieron periodismo o testimonio; nosotros, en general, hicimos novela y crónica al mismo tiempo. Y por eso muchos de los mejores libros que tenemos no son evasivos: te ponen acá, en Buenos Aires, en La Plata, en una pensión, con un tipo que está por hacer algo que cambia su vida.
Esta selección es para el que quiera arrancar — o seguir — con literatura argentina sin caer en lo más obvio. No están Borges ni Cortázar; están otros cuatro libros que en algún momento de los últimos sesenta años marcaron una manera de escribir y de mirar el país. Hay un robo de un camión blindado, un fusilamiento clandestino, un misterio en un juzgado y una secta que planea volar el sistema.
Son libros distintos en tono y en época, pero los cuatro tienen esa cosa que tienen los buenos libros argentinos: te dejan pensando en cómo somos, en cómo llegamos hasta acá, y en por qué seguimos siendo así. Tres se consiguen en cualquier librería argentina. Uno está descatalogado pero anda por las usadas.
Plata quemada — Ricardo Piglia
Buenos Aires, 1965. Un grupo de delincuentes asalta un camión blindado en San Fernando, mata a varios policías y se atrinchera con el botín en un departamento de Montevideo. La policía rodea el edificio. Adentro, los pibes empiezan a quemar la plata como gesto final.
Piglia reconstruye un hecho real con la prosa precisa que lo hizo grande. Es una novela corta, durísima, escrita como crónica pero con la inteligencia de la mejor literatura. Y el final — el dinero ardiendo — es de esas imágenes que se te quedan adentro durante años. Marcelo Piñeyro la llevó al cine con Leonardo Sbaraglia y Pablo Echarri; el libro es más seco y más jodido que la película.
Operación Masacre — Rodolfo Walsh
En 1956, una madrugada de junio, varios hombres son sacados de una pensión en José León Suárez y fusilados clandestinamente en un basural. Algunos sobreviven. Walsh, que era ajedrecista, escucha por casualidad la frase “hay un fusilado que vive” en un café, y empieza a investigar. Lo que sale es Operación Masacre.
El libro inventó el género de la non-fiction novel antes que Truman Capote, pero acá nadie le dio el crédito. Es periodismo de investigación con prosa de novela: tensa, conmovedora, política sin ser panfletaria. Si querés entender por qué Walsh terminó siendo un mito argentino, este es el libro. La edición de Ediciones de la Flor es la canónica.
La pregunta de sus ojos — Eduardo Sacheri
Benjamín Chaparro, prosecretario en un juzgado de instrucción ya retirado, decide escribir un libro sobre un caso que nunca se sacó de la cabeza: el asesinato de una mujer joven en 1968. La investigación lo había llevado por caminos extraños, había marcado a varios y nunca había cerrado del todo.
Sacheri escribe con un tono coloquial y profundamente porteño. La novela es un policial que también es una historia de amor, una reflexión sobre el paso del tiempo y un retrato de Buenos Aires en los años de plomo. Juan José Campanella la llevó al cine como El secreto de sus ojos y ganó el Oscar a mejor película extranjera; el libro tiene una intimidad que la película no captura.
Los siete locos — Roberto Arlt
Erdosain es un cobrador que está por morir: hace tiempo desfalca a su empresa y descubrieron el faltante. Mientras camina por Buenos Aires con esa noticia, conoce al Astrólogo, que está armando una sociedad secreta para tomar el poder en la Argentina. La sociedad reúne anarquistas, prostitutas, militares, místicos y delincuentes.
Arlt escribió esta novela en 1929 y todavía hoy desconcierta. La prosa es sucia, urgente, llena de errores que son aciertos: ningún editor moderno se animaría a corregirla. Y el retrato de Buenos Aires — paranoia, miseria, política conspirativa, ciudad creciendo descontrolada — sigue siendo perturbadoramente actual. Para muchos escritores argentinos posteriores, leer a Arlt fue un permiso. Hay que llegar a él, pero cuando uno llega, no hay vuelta atrás.
