Hay una idea bastante instalada de que los libros de deporte son livianos, cosa de tribuna, anécdotas para matar el tiempo. Y después leés cuatro páginas de alguno de estos y te das cuenta de que el deporte es apenas la excusa: abajo hay política, hay dinero, hay identidad y hay una cosa muy básica que es un tipo poniendo el cuerpo hasta donde aguanta.
Ninguno de estos cuatro es un libro de estadísticas ni de efemérides. No vas a encontrar la formación del 86 ni los goles de nadie. Vas a encontrar, en cambio, por qué la cancha funciona como termómetro de un país, qué pasa en la cabeza del que corre solo durante tres horas, y qué estamos mirando realmente cuando miramos a dos tipos pegándose.
Son un inglés que recorrió el mundo mirando fútbol, un japonés que corre maratones, una novelista norteamericana obsesionada con el boxeo y un sociólogo argentino que le apunta al corazón de nuestra mitología. Cuatro maneras distintas de decir que el deporte nunca es sólo deporte.
Kuper se tomó un año, se fue a veintidós países y volvió con este libro: el fútbol como llave para entender política. La cancha del Barça y el nacionalismo catalán, el Dinamo de Kiev y la KGB, los clubes de Sudáfrica y el apartheid, el Boca-River leído desde afuera. En cada lugar el fútbol le sirve para contar algo que no es el fútbol.
Está escrito con humor y con la humildad del que sabe que es extranjero en todos lados. Es de esos libros que uno recomienda incluso a la gente que dice que no le gusta el fútbol, porque en realidad es un libro de viajes y de política que casualmente pasa por las canchas.
Murakami empezó a correr a los treinta y tres, más o menos cuando empezó a escribir en serio, y este libro chiquito es la crónica de esas dos disciplinas que para él son la misma: levantarse, hacer los kilómetros, no negociar con uno mismo. No hay épica. Hay rutina, dolor de rodillas, aburrimiento y una satisfacción rara y honesta.
Es un libro sobre el oficio disfrazado de libro sobre correr. Lo que dice sobre la constancia sirve igual si lo tuyo es entrenar, escribir, estudiar o sostener un laburo que no siempre te gusta. En la misma línea de andar buscando el camino propio funciona El Joven Príncipe señala el camino, de Alejandro G. Roemmers: distinto tono, misma obsesión con eso de avanzar aunque no se vea el final.
Oates creció yendo a las peleas con el padre y escribió el mejor ensayo que existe sobre el boxeo, justamente porque no lo defiende. Lo mira de frente: la brutalidad, el clasismo, los cuerpos rotos, y al mismo tiempo esa cosa hipnótica que hace que dos hombres solos en un cuadrilátero sean el espectáculo más antiguo del mundo.
Escribe con una prosa filosa y sin sentimentalismo, y su pregunta central es la que nos incomoda a los que miramos: qué nos pasa a nosotros cuando miramos. Es un libro corto, denso, que no te deja salir con la conciencia tan limpia como entraste.
Alabarces es sociólogo y hace décadas que estudia el fútbol argentino en serio. Acá desarma la mitología nacional: el aguante, la hombría de la tribuna, la violencia como folklore, el papel de los medios en construir héroes y villanos. Es un libro que discute con el sentido común futbolero, incluido el nuestro.
No es una lectura cómoda si sos hincha, y ese es el punto. Te obliga a revisar cosas que repetís sin pensar —qué celebramos cuando celebramos “los huevos”, qué pasamos por alto—. Se puede estar en desacuerdo con la mitad de sus conclusiones y aun así salir pensando mejor que antes.
