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Libros para entender la guerra: cuatro que te meten en la trinchera

La guerra es fácil de opinar y difícil de entender. Desde el sillón todos sabemos quién tenía razón. Estos cuatro libros te bajan del sillón y te meten en el barro, donde no hay razones grandes sino tipos con frío, con hambre y con miedo tratando de zafar un día más.

No los elegí por patrióticos ni por heroicos. Al revés: son libros que le sacan a la guerra el disfraz de aventura y muestran lo que queda debajo. Un pibe alemán que descubre que el enemigo es igual a él. Un químico italiano que sobrevive a lo peor que hizo el siglo XX. Y así.

Hay uno solo que es nuestro, y duele distinto: Malvinas contada desde adentro de un pozo, por chicos que tenían la edad de tu hermano menor. Leelos en este orden o en el que quieras. Todos dicen, a su manera, lo mismo: la guerra la deciden unos y la pagan otros.

Sin novedad en el frente — Erich Maria Remarque

Sin novedad en el frente es probablemente la mejor novela que se escribió sobre la Primera Guerra, y la escribió alguien que la peleó. Paul Bäumer y sus compañeros de colegio se anotan como voluntarios, empujados por un profesor patriotero, y en las trincheras descubren que todo lo que les enseñaron era mentira.

Remarque no busca el efecto: cuenta el hambre, las ratas, el ruido, la amistad entre los que se van muriendo, con una prosa seca que hace más daño que cualquier grito. El título es el parte militar del día en que muere el protagonista: “sin novedad”. Ahí está todo. Un pibe menos y para el mundo no pasó nada. Se lee en dos tardes y no te lo sacás más.

Si esto es un hombre — Primo Levi

Si esto es un hombre no es exactamente sobre la guerra sino sobre el pozo más hondo que la guerra abrió: Auschwitz. Levi, químico italiano, lo cuenta sin odio y sin autocompasión, con una precisión casi científica que lo hace todavía más terrible. No busca que llores: busca que entiendas.

Es un libro que te obliga a mirar de qué es capaz el ser humano, para lo peor y también, en gestos mínimos, para lo mejor. Levi se pregunta qué queda de un hombre cuando le sacan todo, hasta el nombre, y la respuesta que va encontrando es incómoda y necesaria. Hay libros que uno “debería” leer; este es de los pocos que además no se olvidan nunca.

Matadero Cinco — Kurt Vonnegut

Vonnegut sobrevivió al bombardeo de Dresde escondido en un matadero, y tardó veinte años en poder escribirlo. Lo resolvió de la única forma que pudo: con ciencia ficción, humor negro y un tipo que quedó “desenganchado del tiempo” y salta de un momento a otro de su vida. Matadero Cinco es rara, desordenada a propósito, y funciona.

Su famoso “así son las cosas” aparece cada vez que alguien muere, y de tanto repetirse te va dejando el cuerpo helado. Vonnegut entendió que la guerra es tan absurda que contarla en serio sería mentir; por eso la cuenta torcida. Es el libro antibélico menos solemne y, quizás por eso, uno de los más efectivos.

Los pichiciegos — Fogwill

Y llegamos a Malvinas. Los pichiciegos, que Fogwill escribió en 1982 con la guerra todavía caliente, cuenta la historia de un grupo de soldados que desertan y se esconden en una cueva, “los pichis”, negociando con todos para sobrevivir. No hay héroes de bronce: hay pibes cagados de frío haciendo trueque para comer.

Fogwill escribe en el habla real de esos chicos, sin bajada de línea, y justamente por eso es demoledor: te muestra la guerra como la vivió el que puso el cuerpo, no como la contó el comunicado oficial. Es incómoda para todos los bandos, y es la mejor novela argentina sobre Malvinas. Si sos argentino, es una deuda pendiente.

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